MIEDO A LA LIBERTAD U OTROS PRE(TEXTOS) PARA ESCRIBIR
Hace un mes que no tengo empleo, porque un conjunto de circunstancias me llevaron a no seguir más en el mismo lugar. Me había auto-engañado con pequeños logros, con maquillar mi cotidianidad oficinesca, por construir una realidad paralela propia a mi estilo lúdico. Lo mejor que me llevo son fotos, momentos y amigos.
A veces pienso, en medio del bullicio del trafico Limeño, que nos cuesta decir al resto que nuestro empleo ha caído en la más profunda mediocridad, que todos los días hacemos lo mismo y hasta nos inventamos el trabajo para evitar la culpa de cobrar un sueldo por no hacer nada. No obstante, he tenido momentos de emoción, cuando recreaba ideas y proyectos para transformar lo que nos molesta, lo obsoleto, lo mediocre.
Lo peor de todo, es que nunca supe ahorrar. Algunos meses lo intentaba, pero siempre la cuenta a fin de mes evidenciaba mi fracaso (esa ausencia de ética protestante en mis finanzas). Ahora sin empleo, solo queda replantear mi vida o mis estilos de vida. Ya no puedo darme esos gustos pequeño-burgueses a los que me había acostumbrado. Salir tarde y tomar un taxi para llegar a tiempo a una reunión, ahora ando en bus y salgo con anticipación. Ya no cenas en los nuevos restaurantes, ahora prefiero el sabor casero de la cena familiar y de la casa de la novia. Y la mayor prueba, es la librería. Ahora ignoro los coqueteos de los autores. Solo miró de reojo los nuevos libros, leo las contratapas y me escandalizo por el precio. Antes, mi bolsillo se permitía comprar un libro caro, porque el disfrute y el goce por el libro nuevo no tenía precio (parece publicidad de mastercard).
Luego de regresar de vacaciones (pues sí, me permití vacaciones, con el pretexto de aclarar las ideas lejos de mi ciudad) me sentí algo perdido con mi nueva realidad. Estar todo el día frente a la laptop, coger un libro para avanzar mi tesis, dormir por las tardes con despreocupación. Desordenar mi sueño, dormir de día, deambular de noche. En un momento entre en pánico, y creía que Fromm tenía razón, que tenía miedo a la libertad o la auto disciplina. Intenté crearme una rutina: estudiar inglés por la mañana, por la tarde la tesis, por la noche ver a A. La realidad era distinta, dormir, comer, dormir, leer y quedarme dormido. ¿Depresión? Tal vez. Días no salía de mi casa. Había perdido el amor a la ciudad, a las calles, a la gente. Pensaba que mi ciudad era pueblerina y acomplejada, y que un creador debe estar al margen de todo. En días sin rutina, de libertad, la ciudad parecía tragarme, con sus desordenes y dinámicas.
Después del último post, lleno de elementos trágicos, quiero que este año sea de creatividad y de causas utópicas. Quiero arriesgarme, ensayar formulas distintas para no alienarme a una sociedad de trabajo especializado y estresante, conciliar trabajo con felicidad. Alguna vez mi amigo Eloy me decía, que hay que trabajar de día, para vivir de noche. La noche como el momento para enrumbar esos sueños que nos mueven la vida. Movilizarnos por ese lema libertario de la “autogestión”, del “hacerlo tú mismo”. No esperar que nos toquen la puerta, sino arriesgar, crear y tocar puertas, movernos y mover. Trabajar en utopías si eso nos hace feliz, si con eso no defraudamos a nuestra propia autenticidad.
Quizás la crisis del sujeto pos moderno, es no poder dar un orden o sentido a todas las “formas de ser” o a nuestras “múltiples identidades”. El desafío es nuevo, pero si no lo intentamos, no ensayamos, siempre creeremos que estamos en el lugar incorrecto y haciendo lo que no nos gusta. Por ejemplo, J. trabaja en una corporación de cosméticos y escribe los catálogos. Gracias a eso, él puede tener un estabilidad para poder escribir poesía y publicarlas. Su camino me parece un ejemplo interesante, porque de otro modo, no lo hubiera hecho. Algunos dirán que no es “autentico”, que es “inconsecuente”. Sin embargo, esos términos deben de repensarse, a la luz de que vivimos otro momento de la historia, y que del solo romanticismo no salen los poemarios, o los libros o las creaciones artísticas en general. Otros dirán, que lo ideal es trabajar de lo que nos gusta hacer. Pero, mientras no suceda tal oportunidad, solo nos queda ingeniarnos y seguir en ese proceso creativo a media luz y de mucho esfuerzo.
