Recuerdo la vez que mi amigo el poeta me decía “dime hermano, qué hago ahora con las fotos”. Esto fue después de que terminó la relación con su novia, luego de pasar años viviendo con ella, siendo extranjeros en una ciudad donde el frío no permite darse el lujo de dormir solo. Si bien, la pregunta era muy concreta, y yo no tenía respuesta, en el fondo sabía que la pregunta era mayor, que no podía resolverse en el momento, que aunque suene absurdo “el tiempo se encargará de darte la respuesta”

¿Qué hacer con la historia de a dos? Las fotos, los recuerdos de viajes, los días de estar juntos, de ver amanecer viéndose uno al otro, de construir historias juntos, de imaginar proyectos. Las fotos se pueden cortar a la mitad, pero no soluciona mucho las cosas.

Se construye un lenguaje común, referencias, canciones, películas, espacios, significados. Como decía el gran Calamaro “Debo aprender a vivir otra vez” Vivir solo, hablar para escucharse a sí mismo. Las palabras ya no llegaran al oído de nadie, no habrá sonrisas que te iluminen el día, sino superar la soledad, aprender a vivir sin ella o él. Sin embargo, el tiempo no garantiza el olvido. Una melodía aparece sorprendiéndonos, igual un gesto o simplemente un aroma.

Cada día un amigo o amiga me dice que acabo su relación, me hablan de un nuevo comienzo, de un año 0. No sé cuántas veces he puesto ingenuamente en el nick del messenger “Año 0” Marcando un nuevo comienzo, un hacer las cosas de modo distinto, pero he fracasado. Un intelectual habla de la imposibilidad de que existan relaciones sólidas, sino más bien nos dice que la tendencia es hacía las relaciones liquidas. Quizás de esas que uno intenta coger entre las manos, pero que se cae entre los dedos. Una sociedad marcada por el individuo y sus metas. La postergación de las relaciones duraderas por el éxito personal. Los encuentros rápidos, furtivos y a veces clandestinos, que nos satisface en una época de relaciones liquidas pero también hedonista y consumista.

Otro amigo, me hablaba de que quizás debamos replantear las relaciones de pareja, dónde se comprenda la real dimensión del otro, donde no ocultemos el gusto por la vida y la libertad. Otros me hablan, en tono pretensioso, del fracaso de la monogamia, del engaño de vivir al lado de alguien por muchos años, cuando nuestra “naturaleza” es ser polígamos, no de forma asolapada, sino abierta y como posibilidad de convivencia y de relación humana.

Finalmente, solo queda escuchar, aprender, vivir, y tener los ojos bien abiertos de estos cambios en una sociedad del tercer mundo, pero con imágenes de relaciones amorosas del primer mundo, y peor aun, de telenovelas y películas gringas.