Historias de hombres, es una piedra en el zapato, un tema que recoge las inquietudes, quejas, reclamos de muchos amigos, que entre cervezas y cigarrillos, o en su estado de mayor sobriedad, me han relatado sus historias. En el fondo, cada historia es un grito que anuncia o denuncia ese “nuevo” (si cabe la palabra) modo de ser mujer en Lima. En muchos casos, a los hombres entre los 20 y 30, no nos queda más, que ser espectadores de esa transición de las mujeres, de un modelo clásico a uno moderno, de lo tradicional a lo liberal. Otros dirán, que no somos meros espectadores, sino que también los hombres sufrimos, nuestra propia metamorfosis, hacia ese lado femenino, tan presente, pero también tan oculto, en una ciudad que nos obliga a demostrar a cada instante nuestra hombría.
Historia 1
Mientras tomo café con O. este me cuenta sorprendido de cómo la chica con la que viene saliendo lo echo de su departamento por la noche. Él no podía creer lo “fría” que podía ser esa chica. Sintió que sólo lo uso para “tirar” y nada más. Él esperaba un momento de ternura, “post tire”, dormir juntos, y verla amanecer. Mientras que ella, quería que él se vaya, porque pronto recibiría visita. O. estaba realmente confundido, me decía, que unos años atrás, él optaba por irse rápidamente luego de tirar, mientras que ahora, le interesaba ser tierno, acostarse en los pechos de ella, y sentirse querido.
Historia 2
Me encuentro con mi amigo C. por el MSN, y me dice que tiene que arreglar la situación con una chica. La chica, tiene novio, pero además sale con C.
Durante la semana santa, la chica se fue a campar con el novio y otros amigos, mientras que C. se quedo esperando la llamada de ella. Cuando C. quedo dormido, la chica lo llama aprovechando que el novio había ido por cervezas, para con voz ebria decirle que lo extraña. C. quiere arreglar la situación, ya no quiere ser el otro, el amante, quiere formalizar o terminar la relación clandestina.
Historia 3
F. me dice que ayer, a su enamorada solo le falto sacar el cigarrillo y fumarlo, mientras él reposaba en los pechos de ella. Él después del tire, le pregunto, sí se sentía bien, si había disfrutado el momento, mientras que ella le respondió secamente que sí, y que quería descansar. A él, solo le quedo, quedarse en su sitio, mirar al techo de ese hostal, y esperar a dormirse.
Historia 4
H. fue echado del departamento de su novia, mientras ella le decía “eres un egoísta, y solo buscas tu placer”. H. después de pasar unas horas, y eyacular 3 veces, no había logrado en su pareja un orgasmo. H. se vistió, y sin saber que decir y confundido salio en silencio. Al día siguiente, note muy preocupado a H. y me decía “no sé sí llamarla o no” “no sé sí pedirle disculpas o estar enojado”
Son cuatro historias cortas. Cuatro pincelazos a un cuadro a medio pintar o entender. A pesar de ello, me aventuro a creer o especular que esa frase trillada de que las mujeres no separan sexo y amor, se convierta en el corto plazo en un mito. Leía en una revista, que sexo con amor, es la gloria, pero que buen sexo sin amor, es ideal.
Los hombres por nuestra parte, claro no la mayoría, se ha convencido o se dejaron convencer por sus distintas parejas, que sexo con amor, es una formula posible, y ahora parecen hasta exigirles a sus parejas de turno de ello. Pero como todo es cíclico, y parece que todo da vuelta, hombres y mujeres parecen nunca coincidir. Cuando ellas creían que sexo y amor, debían ir juntos, nosotros decíamos que separado; ahora que ellas nos dicen que solo buscan sexo, nosotros decimos, que sea con amor. Resulta curioso, que viviendo en un mismo tiempo, andemos en procesos distintos, y en continuos desencuentros.
Que las mujeres puedan conducir su sexualidad, su vida, nos genera confusiones a los hombres, pero además es esa esquizofrenia de estar con una persona cambiante, que oscila entre conductas tradicionales y otras liberales. Esperan que las recojamos y las dejemos en sus casas, pero otras veces nos odian por hacerlo. Si las llamamos para decirles cómo están se alegran, pero otras veces nos contestan con voz aburrida. Algunas veces solo quieren tirar y otras veces esperan que las amemos.
Solo queda seguir viviendo, ganando experiencias, aprender a quererlas en ese proceso cambiante y confuso, y a nosotros, los nuevos hombres, a asimilar esa feminidad (in)concientemente adquirida.
